T E X T O S  |  G A L E R Í A

La fotografía de Levin Colmar renuncia a efectos llanos y voyerismo escandaloso. Con toda la intensidad y vitalidad de motivos individual no es un arte ruidoso. Las tomas son más bien piezas de mosaico de una búsqueda de momentos fascinantes, impregnadas decisivamente por el dialogo entre el fotógrafo y el fotografiado.

Casi parece que Colmar logra una foto valida sólo cuando existe además un intercambio emocional con el fotografiado. El encuentro externo va acompañado de un contacto interno. El hecho de "hacerse una imagen" se convierte en una compleja y a veces existencial experiencia.

Colmar colecciona miradas y gestos - ocasionales e insistentes, introvertidas y expresivas. En secuencias de imágenes construidas sensiblemente el mezcla el ambiente de una tarde, una noche o un encuentro a la luz del sol resplandeciente.
Penetrando en la profundidad de las zonas límites entre la fotografía y pintura luminosa desaparecen algunos de los seres fotografiados en irrealidades. Casi se cree ver una parte de la fragilidad abstracta del amor, cuando los rostros y los cuerpos se retiran exitosamente de la aparente objetiva fotografía. Contornos y recuerdos parecen palidecer paralelamente y por momentos el gesto remite exclusivamente la atmósfera del momento vivido.

Cuba y su gente ocupan un lugar central en la obra fotográfica de Colmar. Con mirada segura para momentos cargados de tensión se le hace posible captar lo típico de esa cultura, destacar lo característico y hacer en sus fotos de lo un suceso ocasional. A pesar del ambiente exótico y de extraña impresión, a pesar del entorno ajeno para el fotógrafo han surgido y surgen fotografías sin distancia perturbadora hacia los fotografiados. De forma natural el artista que fotografía pasa a ser parte del escenario, se mezcla, sin dirigir los acontecimientos en sentido propio.

Los retratos de ambiente realizados por Colmar del artista Carlfriedrich Claus (1933-1998) al que acompañó como amigo y observó con la cámara durante sus últimos años, llevan igualmente una firma descriptiva y obsesiva al mismo tiempo. El "diario fotográfico" de Claus de Levin Colmar extracto de su ambiente intimo, aparecido después en forma de libro, le sirvió al mismo Claus como plataforma de proyección de una reflexión vital.
Insistentes de otra forma se presentan las tomas del escritor cubano Pedro Juan Gutiérrez (nacido en. 1950). 
Cuya diabólica fulguración se siente congenialmente ilustrada e intensa en las fotografías de Colmar.
Tilo Richter, Basel 2001